El amor en el matrimonio No existe un decálogo o reglas a seguir para que el matrimonio sea feliz durante toda la vida, sino hay que, sobre todas las cosas respetar
al otro. Trata a la otra persona con amor, cuando haya alguna discusión no trates unicamente de buscar ganarle, sino trata de encontrar caminos y soluciones al problema. Si tienes una crítica, algo que no te gusta, hazlo con amor. Recuerda decirle una vez al día por lo menos, algo cariñoso a tu cónyuge, alimentará al amor y fortalecerá al matrimonio. Cuando se equivoquen admítanlo y pidan disculpas. Es grande el que reconoce que es un ser humano con debilidades y defectos
y que lucha cada día por superarse. El amor conyugal tiene un doble juego, dar y recibir para así mantenerse y crecer. -Si uno da sin recibir, termina dependiendo del otro. -Si uno recibe sin dar, termina dominando al otro. El mutuo intercambio de dar y recibir, nos hace más felices precisamente al dar, recibe
compensaciones, y por haber recibido, desea seguir dando. Amar no es solamente tener relaciones físicas o sonreír cuando se está de buenas. Amar es hacer que el amor crezca: querer el bien del otro, ver todo lo que hace bien y no fijarse sólo en lo que hace mal. Se trata de hacer feliz al otro. Dar gratuitamente.
Amar de verdad al otro por lo que es. Un amor profundo es, sobretodo, sentirme tan atrído por el otro que sólo desee su felicidad. No lo amo por lo que puede aportarme sino por lo que es. En una relación así, las dos personas podrán compartir sentimientos, placer o ayudarse uno al otro. Pero la base de la relación es la propia persona, más allá de sus cualidades o defectos. Querer amar al otro, pensar en el otro de forma libre y decidida. No se puede amar verdaderamente sin
sacrificar una parte de nuestra libertad en favor del otro. Esta decisión debe ser recíproca puesto que de no ser así no podrá existir una verdadera relación: Querer hacer feliz a quien me ama contribuye a mi propia felicidad. Eso es amar: entregarse libre y mútuamente. |